| Viernes, 12 de julio Sant Domènec, 22.30 h |
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| Munadjat Yulchieva (Uzbekistan) | |
| Munadjat Yulchieva, voz Malikakhon Ziyayeva, dotar Shawqat Mirzâev, rubâb Nodir Alikulov, dâyera Programa: El arte del ghazal, la música característica del pueblo uzbeco |
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| Asia Central ha sido durante milenios un crisol de culturas en el que los pueblos se sucedieron, o se asociaron para crear prestigiosas civilizaciones. Todas las épocas y todas las dinastías han dejado pruebas de una vida artística refinada, particularmente en lo que concierne a la música y la danza. Durante más de cinco siglos, hasta la revolución soviética, las Cortes de Boukhara y de Khiva brillaron por su actividad musical; por fortuna, la música tradicional ha permanecido viva hasta hoy. Es precisamente en la órbita de la rica tradición persa donde se ha formado también la música de los pueblos de Asia Central, entre los que se encuentra el uzbeco. En estas culturas, incluida la persa, la música clásica no se ha transmitido en partituras escritas, sino que se ha heredado por transmisión oral de padres a hijos, de maestros a alumnos. La música de Asia Central, en efecto, se ha conservado durante tanto tiempo, porque nunca se ha dejado de tocar: de generación en generación, ha sido una música viva que no se ha tenido que rescatar del olvido. La herencia clásica de estas tradiciones musicales, consiste en un conjunto de colecciones, denominadas maqâm, que son canciones y piezas instrumentales que los intérpretes (conocidos como bestekâr ), pueden reproducir dándoles su toque personal. Sin embargo también es posible construir sobre estas piezas, nuevas composiciones que si tienen éxito, se convertirán asimismo en parte de la tradición que se transmitirá a los hijos. En el recital de Monâjât podremos conocer la música del fértil valle de Fergana, al este de Uzbekistán, donde la tradición ha conservado los maqâm autónomos. Monâjât Yulchieva, nacida en 1960 en una granja colectiva de algodón en el valle de Fergana, comenzó a cantar escuchando la radio y la televisión. Pronto sus cualidades extraordinarias se hicieron evidentes. Ella pertenece hoy día a la gran tradición clásica de Uzbekistán, con un repertorio centrado en el Maqâm Uzbeco, poemas y canciones de los siglos XIII, XIV y XV, a los que ha incorporado las bases de un nuevo estilo. Cantante fuera de lo común, Monâjât Yulchieva pertenece a la gran tradición clásica de Uzbekistán, que ella ha contribuido a renovar gracias a su talento excepcional. Su reputación, hoy día sólidamente establecida, se basa en un timbre y una tesitura de entonación amplia y potente que utiliza los colores y sombras, la tibieza de su voz para expresar un sutil dolor íntimo. Sus altos aterciopelados, suntuosos, acompañan al tono melancólico de sus poemas. En cuanto a su repertorio, centrado en los poemas y canciones clásicos, se inscribe en la más pura tradición del Maqâm Uzbeco, imponiéndole las bases de un nuevo estilo. Su voz, junto con su presencia sencilla y fascinante, nos transporta -como una alfombra voladora-, a los confines del Asia Central, acompañada de un pequeño conjunto instrumental dirigido por su maestro, el intérprete de laúd Shawqat Mirzaev. Juntos nos prometen la embriaguez de un momento absolutamente sublime. Los instrumentos musicales Para buscar el origen del laúd, base de casi todos los instrumentos de cuerda actuales, tenemos que viajar en el tiempo más de 4.000 años, en dirección a Oriente. Los había de todos los tipos: el rubâb y el ghidjak, por ejemplo, son laúdes con arqueta (una mezcla de violín-laúd), mientras que el dotâr y el târ, en cambio, tienen un largo mango y dos cuerdas pinzadas al estilo de la guitarra. Las arpas no necesitan mango, ya que cada cuerda está preparada para dar una nota diferente según su longitud. Si hiciésemos el mismo viaje en el tiempo en este caso, encontraríamos el tchang, arpa de antiquísimo origen persa que se ha extendido por toda Asia. Finalmente, en cuanto a la percusión, encontramos en nuestra visita al pasado, el doïra, un tambor muy utilizado en los países islámicos, llamado también daff o târ, como el laúd. |